miércoles, 19 de enero de 2011

Testimonio de una madre con un hijo autista

Por Raine Saunders


Si está considerando la posibilidad de vacunar a sus hijos o ya los ha vacunado, lea esta sincera declaración de Vicki y su hijo Charlie, que residen en el Reino Unido.

Este testimonio es una continuación al artículo sobre el doctor Wakefield y la vacuna triple vírica, y quería aquí proporcionar un testimonio de primera mano de una madre que ha estado lidiando con las secuelas de la vacunación y sus efectos secundarios durante los últimos dos años.

Los testimonios de los padres sobre la vacunación de sus hijos tienen un gran valor, porque es una de las pocas maneras de que estas experiencias se conozcan. Los medios de comunicación no difunden esta información con la gente, a menos que sea para difamar y criticar los que los padren dicen.

Es importante señalar que el hijo de Vicki no recibió la vacuna triple vírica, pero está sufriendo de las repercusiones de las dosis de otras vacunas.

En última instancia, los médicos ( y periodistas, como Brian Deer, quien afirmó ante las cámaras que los síntomas de diarrea, estreñimiento y otros no estaban relacionados con enfermedades intestinales) no saben lo que está pasando. Una y otra vez las voces de los padres son calladas en el ámbito de la información sanitaria. Pero ya es hora de que estas voces se escuchen y lleguen a una amplia audiencia. ¿Cuántos de estos padres están contando una historia similar, niños que pierden la movilidad intestinal, o se ven afectados por calambres en el estómago, o presentar dolor y diarrea crónica… o han perdido gran parte de sus habilidades para socializarse, interactuar, responder o comunicar?

Es muy común que la gente haga callar a los que creen que todas las vacunas no son seguras, y que todos debieran tener unas ideas comunes sobre las mismas, sin excepción. ¿ Pero qué pasa con el cada vez mayor número de padres que denuncian una y otra vez los problemas de salud de sus hijos después de recibir una vacuna? ¿Qué pasa con el juicio en el que por primera vez en 2010 una familia recibió una indemnización debido a que su hijo mostraba signos de autismo, relacionándolo directamente con la vacunación?

Muchos padres están aprendiendo por su cuenta, no con la ayuda de los médicos y los profesionales de la salud, a manejar los retos que se plantean en la salud de sus hijos. Pero a menudo se encuentran que hay otros muchos que sufren los mismos problemas, encontrando aquí apoyo y curación.

A diferencia de otros niños, Charlie no recibió la vacuna triple viral, pero desarrolló síntomas de autismo. Lea este testimonio y decida por sí mismo.

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Charlie nació el 14 de agosto de 2007 en el Reino Unido. El embarazo fue difícil ya que presentaba diabetes gestacional (insulino-dependiente), preeclampsia, junto con dolor púbico, prescribiéndome anti-inflamatorios y analgésicos. Yo también utilizaba el método Methly Dopa para la alta tensión arterial desde el inicio del embarazo. Mi hijo nació prematuramente a las 35 semanas de gestación por cesárea, después de haber recibido una inyección de esteroides para madurar la función pulmonar, 3 días antes. (Mi primer embarazo, el de mi hija, fue de la misma duración, naciendo por cesárea a las 36 semanas y con un coma diabético- cuidados intensivos neonatales, oxígeno, ictericia y falta de alimento).

A Charlie se le diagnosticó autismo en abril del año 2010, aunque yo sabía ya desde hacía algún tiempo qué problemas tenía y cuál era el diagnóstico. Pienso que las vacunas le han podido dañar y también haber sufrido una gran acumulación de toxinas presentes en el medio ambiente. A pesar de ser prematuro, se alimentó bien y salió adelante, manteniendo el contacto visual cuando se alimentaba y volviendo la cabeza cuando oía mi voz hasta las 7 semanas de edad. A las 7 semanas se le vacunó contra la hepatitis B, utilizando en la vacuna un conservante con mercurio, el timerosal,en Bulgaria, y desde el día siguiente ya no mantuvo contacto visual, dejo de comer, lloraba todo el tiempo, tenía fuertes dolores en el vientre, con heces sueltas, cambiándole el pañal hasta 10 veces al día ¡y eran horribles!

Dudé durante mucho tiempo que el problema de Charlie fuese la vacuna, pensando que sería una reacción temporal, cuando empezó el periodo en el que los niños empiezan a gatear y luego a caminar. Yo siempre he sido una defensora de las vacunas y se las puse a mis hijos sin preguntar. ¡Cómo habré sido tan ingenua y estúpida! De hecho ha sido desde hace poco que he empezado a pensar que la probable causa del autismo y otros problemas sea la vacuna. Quizás de otras vacunas anteriores a esa. La única que no ha recibido ha sido la triple vírica, y fue por pura suerte, al no incluir el programa de vacunación de Bulgaria, donde vivíamos, esta vacuna, momento en el que regresamos al Reino Unido, cuando ya me había dado cuenta que mi hijo estaba envenenado y ya nos negamos. Todavía estoy luchando contra mi centro médico, pero no hay manera de conseguirlo.

Ahora dicen que las vacunas quizás no sean seguras para un determinado porcentaje de niños. En particular para los niños prematuros y de bajo peso al nacer. También creo que los niños tienen un sistema inmunológico inmaduro y no pueden hacer frente a la agresión se supone una vacuna o una batería de vacunas inyectadas en su cuerpo. También creo ahora que el daño potencial de las vacunas es mayor que el beneficio para salud pública que proporcionan: 1 de cada 40 niños y 1 de cada 90 niñas están diagnosticados con TEA (Trastorno de espectro autista) (estadísticas del Reino Unido). Algo sospechoso ocurre con nuestros hijos.

A medida que Charlie crecía me percaté de que era diferente, y que tenía comportamientos autistas, aunque no pensé que la vacuna fuese la culpable. Y eso a pesar de la evaluación que le hizo la ASD diciendo que era algún tipo de malformación genética. Pero cuanto más investigo, y cuanto más miro hacia atrás en mis notas del registro de vacunación de Charlie y el comienzo de sus problemas, junto con otras historias que leí sobre niños en la misma situación, así como la actuación de las empresas farmacéuticas, las grandes compañías de seguros, la labor de control que ejercen sobre las masas los medios de comunicación, el egoísmo y la corrupción, pues bien, ahora puedo entender que las vacunas pueden dañar a los niños, y que es una triste verdad y lamentable que los Gobiernos sigan vendiendo felizmente lo del interés público y la salud, limitándose a aceptar la vida de estos niños como “daños colaterales”. Encubrir la existencia de este daño es para ellos de suma importancia, para la protección de sus intereses financieros, con miles de millones de dólares en juego, el poder, la corrupción masiva, y derrotarlos en una labor titánica.

Otra cosa que tengo que decir es sobre el lugar en el que estaba situada la casa en Bulgaria, donde vivimos hasta diciembre del año pasado. Trajimos a Charlie a esta casa cuando contaba 7 semanas de edad, la misma semana en que fue vacunado de la hepatitis B, y vivió en este entorno hasta los 2 años y medio. Sólo estuvo en el Reino Unido durante el nacimiento y de recién nacido, y durante el embarazo también vivimos en la casa de Bulgaria. Hace poco, decidimos reformar la casa y buscamos las maderas necesarias para hacerlo y del mismo color que el resto. Como no las encontramos, nos pusimos en contacto con un constructor de Bulgaria, que reformó esta antigua casa, y nos dijo que en estas casas tradicionales se utilizaba aceite usado de los motores para preservar la madera, y que era lo que daba el color a la madera, al mismo tiempo que suponía un ahorro considerable, sobre todo cuando las casas están fabricadas casi enteramente de madera. Así me di cuenta de que habían empleado aceite usado de los motores, que es muy tóxico. Plomo, arsénico, cadmio y aluminio fueron inhalados por la familia entera durante 4 años ( Charlie durante 2 años y medio más el periodo de gestación). Tenemos esa casa en Bulgaria, que no podemos utilizar para las vacaciones y que no podemos vender, ya que no podríamos soportar la idea de lastimar a alguien, quizás algún niño. No tengo ni idea de cómo eliminar los productos tóxicos de esa vivienda… pero la eliminación de los mismos es nuestra prioridad. Supongo que todos estaremos envenenados ( mi hija también presenta síntomas de TDA desde que regresó al Reino Unido, yo estoy enferma de algo inespecífico, que no saben lo que es, y mi marido no puede recordar nada).

Una reciente prueba de la porfirina en la orina indicaba que mi hijo tiene unos niveles muy altos de mercurio en los tejidos corporales, plomo y el arsénico también aparece en los resultados. También hay que señalar que presenta problemas nutricionales y Charlie tiene de forma constante dolores intestinales. No se crea cuando le digan que los niños autistas no tienen dolores, eso no es verdad.

Charlie también ha desarrollado asma este año, pero se creyó que lo más conveniente es que no dependiera de los inhaladores con esteroides. Así que sólo lo utilizamos un par de veces, en situaciones de emergencia.

Me sentí alentada al encontrar otras madres ayudando a sus hijos tomando el control sobre su salud, y esto me dio esperanzas para comprobar los pequeños milagros que día a día se suceden, lo cual nos ha abierto una cierta esperanza para tomar medidas que ayudan a que Charlie mejore. También soy consciente de que la intervención temprana, mientras todavía el cerebro infantil mantiene un nivel alto de plasticidad, es la mayor esperanza para los niños con autismo. Es muy frustrante la lucha por un hijo, y supongo que es lo mismo que sentirán otras madres con un niño con autismo. Estoy intentando todo el día colaborar, y siento fracaso cuando no puedo hacerlo. Ahora tiene momentos muy lúcidos y quiere socializarse con otros niños. Es absolutamente delicioso ver cómo avanza y pronuncia una o dos palabras, o me besa. El 2 de mayo de 2010 comenzamos un nuevo tratamiento con ayuda de otra madre a través de Facebook, consumiendo alimentos sin gluten y sin caseína, con suplementos de enzimas, probióticos y ácidos grasos omega. Probablemente esto no habría sido recomendado por un médico, pero empezó a funcionar de inmediato.

Hemos estado alimentándonos de una dieta con alimentos exclusivamente ecológicos, y desde la enfermedad de Charlie he aprendido lo importante y fundamental que es el alimento para tener una buena salud. Suena obvio, ¿no?, pero en realidad es mucho en relación con las idioteces que se dicen sobre las dietas y la nutrición.

Esta es una nota que escribí sobre Charlie el pasado 2 de junio:

Charlie está empezando a hablar con regularidad, con oraciones de 2 0 3 palabras, y todo su comportamiento obsesivo se ha detenido. Sus juegos son los normales de su edad. Canta, baila, pide las cosas, hace bromas y discute sobre si sí o no con su hermana. Puede leer 20 palabras y tiene un vocabulario con más de 100 palabras. Va controlando el intestino y ya duerme correctamente, durante la noche y otras dos horas durante el día. Aún así, presenta algunos problemas sensoriales y tiene dificultades para responder cuando se le llama o con la vista. Ya no hay síntomas de asma ni alergia, pero aún tiene importantes círculos de color púrpura en los ojos, que se ven pálidos y enfermizos.

En las pruebas se pueden ven las trazas de mercurio (de la vacuna), y de arsénico y cadmio, con los daños posteriores, debido a un trauma inicial producido por la vacuna de la hepatitis B, siendo incapaz de desintoxicarse. Tengo otras pruebas que detallan complejas cuestiones relacionadas con la nutrición, la absorción, la disbiosis intestinal, el sesgo inmunológico y el estrés oxidativo.

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Quiero dar las gracias a Vicky por compartir la historia de su hijo y la lucha en la que la familia está metida. Tengo esperanza de que la gente lea este testimonio y entienda lo que está pasando con la vacunación, que estas sustancias no son inocuas, y que los centros de salud y los médicos no estaán haciendo nada para poner coto a este problema.

Tuve una conversación con Vicki hace poco, el otro día, sobre los padres que llevan a vacunar a sus hijos en Gran Bretaña, y de la falta de literatura existente que explique a los padres los posibles riesgos a efectos secundarios de las vacunas. Aunque los padres en los Estados Unidos reciben una información acerca de los riesgos y efectos secundarios, siempre se presentan como de poca importancia, o que son extremadamente raros. Nunca he oído una advertencia de un médico acerca de la vacunación, o que dé una información completa sobre la vacuna y sus efectos. Como padres, debemos elegir y ser informados, pero es sistema médico nos despoja de estos derechos.

Todo depende de si los ciudadanos actúan y se hacen cargo de esta situación. Debemos hacer oír nuestra voz y seguir trabajando por una educación y el conocimiento de la verdad sobre las cuestiones que nos preocupan.

http://agriculturesociety.com/politics-and-food/charlies-story-from-a-mothers-heart/

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