domingo, 12 de septiembre de 2010

Johnny cogió su pastilla




por E.R. Bills/ 11 de septiembre de 2010


Después de estar destinado en Iraq durante quince meses, el sargento Douglas Hale es enviado de nuevo a combate. En 2007, se le diagnosticó depresión severa y desordenes de tipo posttraumático. Se dio a la bebida, su matrimonio se deshizo. A principios de 2009, Hale abandonó su puesto en la fortaleza Hood, es detenido por estar ausente sin permiso y devuelto de nuevo a la fortaleza. Antes de transcurrido un mes intentó suicidarse.

Se le envía al hospital psiquiátrico de Denton para su tratamiento y parecía que esta terapia le había ayudado. Estuvo el fin de semana del 4 de julio con su madre, después le llevó de nuevo a la fortaleza Hood, al día siguiente. El 6 de julio su madre recibió un mensaje en el que se decía” Te quiero mamá, lamento lo que he hecho y espero que vosotros y Dios me perdonéis.” Se puso en contacto inmediatamente con los funcionarios de la fortaleza Hood, y se dirigió en coche hacia allí. Pero se había pegado ya un tiro en la cabeza.

El ejército busca respuestas a los suicidios de soldados, como el caso de Hale. La guerra destruye: produce una psicosis generalizada. Un muchacho normal bajo una situación psicótica durante meses o años, misión tras misión, produce una perturbación extrema y unas respuestas anormales. Y puede acabar en suicidio, sobre todo cuando todavía no se ha explicado de modo convincente el por qué es necesaria esta locura. Es difícil mantener la cordura en una zona de guerra cuando la guerra tiene un objetivo justo, pero si se arriesga la vida por las fantasías de un desequilibrado, por conseguir el petróleo o más riquezas, o con la excusa de atajar el terrorismo, la actitud no va a ser positiva. Ni sana.

Leía el otro día en un periódico que uno de los curatodo de la Big Pharma mataba a los soldados americanos. Muchos de los soldados que vuelven de la guerra, de Afganistán o Iráq, toman una medicina llamada Seroquel, que les ayuda en sus constantes pesadillas, insomnio severo o constante agitación. Si yo fuera soldado esto me habría hecho reír.

Seroquel es un potente antipsicótico. En lugar de mandar a los soldados en misiones cortas, alargan los periodo de estancia en el frente, y en lugar de dar de baja a los soldados que presentan problemas psicóticos, el ejército opta por utilizarlos como cobayas humanas suministrándoles medicamentos, el pequeño ayudante del soldado, que supuestamente les inmuniza contra la locura que se extiende en torno a ellos.

No cura la psicosis, sólo permite que los soldados con problemas de estabilidad sigan en el frente sin molestar demasiado. Si se combina Seroquel con antidepresivos y medicamentos contra la ansiedad, algo que se sugiere como aceptable por parte del ejército en casos de tensión posttraumática, les produce cierto desorden cognitivo y confusión.

¿Es un intento por parte del estamento farmacéutico militar de limitar la humanidad de nuestros soldados sanos? Si se tiene que administrar a alguien un potente antipsicótico para que les ayude en el papel que están desarrollando, sea por Dios o por país, es que se les está pidiendo algo que no es correcto. Esto recuerda a la novela de Erich María Remarque Sin novedad en el frente: “ Tenía 18 años y había empezado a amar la vida y el mundo, y todo eso se hizo pedazos. La primera bomba, la primera explosión, estalló en nuestros corazones.

Seroquel es una de los medicamentos que con más frecuencia se prescriben a los soldados. También es la quinta medicina más vendida en EE.UU. Así que si en nuestra ingenuidad e ignorancia comienzas los problemas psicóticos, siempre podemos ser tratados con estupefacientes para nuestros cerebros. De hecho, esto ya ha empezado a ser así.

En el año 2008. en las salas de urgencia de los hospitales se trataron a más de un millón de personas por abusar de los medicamentos, bien recetados o administrados sin receta médica, que es aproximadamente la misma cantidad de personas que fueron tratadas por sobredosis de cocaína, heroína o abusos de otras drogas, incluido el alcohol. Una guerra tan estúpida y psicótica como la de Iraq es la de los medicamentos. Lleva siendo así desde hace mucho tiempo, y ha penetrado tanto que nos aturde. El complejo militar y farmacéutico está realizando una verdadera limpieza, y ganando una verdadera fortuna con la gente, a la que diezma. Drogan a los niños rebeldes, drogan a los jóvenes que vuelven de la guerra; drogan a los que nos quedamos aquí y enfermamos viendo estas guerras a las que se envían a las clases humildes, indignados por la connivencia capitalista, y que la cuenta al final nos dé un triste y sombrío resultado nacional.

E. Bills. Su trabajo aparece con regularidad en El Periódico de Texas del Sur, Fort Worth Cada semana, etc. Él puede ser localizado en: erbillsink@yahoo.com.

http://dissidentvoice.org/2010/09/johnny-got-his-pills-and-so-do-we/

Traducido del inglés por Zenón

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