sábado, 1 de mayo de 2010

Que no se discrimine a nuestros vástagos



Extraído del artículo “Estilos de gestión de incertidumbre: los productos transgénicos y la polémica sobre la viabilidad del principio de equivalencia sustancial”, escrito por Jósean Larrión Cartujo, de la Universidad Pública de Navarra, y publicado en el número 14: 105-122, de la Revista Athenea Digital (Otoño de 2008)

El principio de equivalencia sustancial dice:

…. si se encuentra que un nuevo alimento o componente de alimento es equivalente a un alimento o componente de alimento existente, éste puede ser tratado de la misma manera respecto a la seguridad que su contraparte tradicional (OCDE, 1993)

Este principio no solamente ha sido reconocido por la OCDE, sino que con posterioridad también lo reconocen y recomiendan otras organizaciones internacionales: la FAO, Organización para la Agricultura y Alimentación de la ONU, y por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que viene a recoger la definición de equivalencia sustancial en ellos mismos términos que ya lo hizo la OCDE en 1993.

Inventado el principio se extraen las conclusiones:

..-la evaluación de seguridad basada en el concepto de equivalencia sustancial [puede] utilizarse para establecer la seguridad de los alimentos o de sus componentes derivados de organismos modificados genéticamente (FAO-OMS, 1996).

Desde entonces, la mayor parte de las evaluaciones sobre los posibles riesgos humanos y ambientales adversos derivados de la libre proliferación mundial de los productos transgénicos se habrían fundamentado en el comentado principio de equivalencia sustancial. Así, merece señalarse que tanto la soja Roundup Ready (RR), propiedad de la empresa multinacional Monsanto, como el maíz Bacilus Thuringiensis (Bt) de la empresa Syngenta, habrían sido evaluados de una forma positiva para su consumo animal y humano con arreglo a dicho princio según también el marco reglamentario de la UE.

Es decir, para los grupos partidarios de los productos de la nueva ingeniería genética, la mayoría de los alimentos transgénicos serían equivalentes en términos sustanciales a los organismos naturales o no transgénicos. En opinión de estos colectivos, por tanto, los estudios científicos más rigurosos y acreditados habrían demostrado con claridad que los productos transgénicos seráin esencialmente iguales o equivalentes a los alimentos que no han sido modificados genéticamente. .. Se instala el principio de equivalencia sustancial como una herramienta científica y tecnológica muy eficaz y adecuada para detectar todos los hipotéticos riesgos humanos y ambientales perjudiciales asociados al cultivo, el comercio y el consumo de los OGM.

La seguridad de los alimentos y forrajes derivados de los cultivos mencionados se ha establecido utilizando el concepto de “equivalencia sustancial” aceptado internacionalmente […] Varios expertos convocados por la FAO. La OMS y la OCDE acordaron que el concepto de equivalencia sustancial es una herramienta poderosa para evaluar la seguridad de los alimentos y los forrajes derivados de los cultivos modificados genéticamente (ILSI, 2004:6) .”

Así que Monsanto más de una vez ha hecho acopio de este armazón intelectual y científico:

Siguiendo los principios para la aplicación de la equivalencia sustancial, no debe hacer ninguna preocupación sobre la seguridad o los aspectos nutritivos” (Anderson, 2001:14-15)

Los colectivos partidarios de los transgénicos se preguntan por qué razones deberían etiquetarse entonces estos alimentos de una manera específica y obligatoria...Si según habría indicado la evidencia experimental disponible y reconocible, todavía no se habrían encontrado unas diferencias notorias y significativas entre los productos transgénicos y sus parientes convencionales, aseguran estos. ...En coherencia, el etiquetado de los transgénicos podría justificarse sólo si se pudiera demostrar con claridad para algún caso concreto que el productos novedoso en cuestión no presenta dicha equivalencia sustancial... se subraya que ninguna empresa aquí implicado debería presentar sus productos como diferentes cuando la comunidad científica internacional dice que éstos son en esencia iguales o equivalentes (Galperín, Fernández y Doporto, 2001:10y 11).

El riesgo mayor detectado y denunciado consistiría en que se pueda producir en el futuro un agravio comparativo entre los productos convencionales y los productos transgénicos. Sería ésta además una situación anómala y perniciosa que podría ir claramente en contra de los principios comerciales declarados y defendidos por Organización Mundial del Comercio.

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