jueves, 8 de abril de 2010

La Biología del Libre Albedrío (4)




Mae-Wan Ho

Bioelectrodynamics Laboratory,

Open University, Walton Hall,

Milton Keynes, MK7 6AA, U.K.

Journal of Consciousness Studies 3, 231-244, 1996.



  1. El organismo se libera del control mecánico, está interconectado, comunicándose con todo


Esta idea se ha hecho muy concreta como resultado de los recientes avances en Bioquímica, Biología Celular y Genética. Hay un control democrático en la distribución celular.


Hay miles de enzimas que catalizan las transacciones energéticas y las transformaciones metabólicas que ocurren en nuestro cuerpo. El producto obtenido de un proceso enzimático está sometido a la acción de nuevas enzimas, dando lugar a una red metabólica firmemente interconectada. Henrik Kacser (1987) fue uno de los primeros en darse cuenta de que estamos conectados formando una red, especialmente una complicada red metabólica, lo que se traduciría en pensar que no es posible que existan enzimas especiales para el control del flujo de metabolitos en todas las circunstancias.


Han hecho falta más de 20 años de investigación por parte de bioquímicos y biólogos celulares para que se reconozca que dicho control está distribuido invariablemente en muchas enzimas ( y sus metabolitos) formando una red, pero por otra parte, si cambian las condiciones el control se distribuye de manera diferente. La red metabólica tiene distribuido el control según lo que podríamos llamar una democracia molecular.


Energía continua de largo alcance en células y tejidos


Estudios recientes también han revelado que la movilización de energía en los sistemas vivos se consigue gracias a las proteínas o a las moléculas enzimáticas que actúan como “máquinas flexibles de energía molecular” (véase Ho 1995a), y que la transferencia de energía se hace directamente desde el punto de salida hasta el punto de utilización, sin termalización o disipación. Estas transferencias directas de energía se llevan a cabo de forma colectiva, extendiéndose desde el nivel molecular al dominio macroscópico. El flujo de metabolitos se canaliza de manera coherente a nivel molecular, de una secuencia enzimática a la siguiente, mediante complejos multi-enzima (Welch y Clegg, 1987). Al mismo tiempo, mediante las técnicas de microscopía electrónica de alto voltaje y otras técnicas de medición, revelan que la célula se parece más al “estado sólido” que a un “saco enzimático disuelto” , como generaciones anteriores de bioquímicos habían supuesto (Clegg, 1984). No sólo todas las enzimas están atadas a un intrincada “red microtrabecular”, sino que también una gran proporción de metabolitos y moléculas de agua se estructuran en amplias superficies de las que se puede disponer. Los canales acuosos se piensa ahora que pueden estar involucrados en el transporte activo de solutos dentro de la célula, de la misma manera que los metabolitos y los mensajeros químicos son transportados por el flujo sanguíneo (Wheatley y Clegg, 1991). Joseph Needham (1936) y sus colegas ya eran conscientes de todo esto hace ya unos 60 años.


Como proponen Welch y Berry (1985), toda célula está vinculada mediante la “energía continua de largo alcance” : interacciones mecánicas, eléctricas y flujos electroquímicos y, en particular, por corrientes de protones que forman una red “protoneural”, que regula instantáneamente el metabolismo al mínimo detalle. Además, la posibilidad de que las células y los tejidos estén unidos mediante fonones electromagnéticos ( Un fonón, es una cuasipartícula o modo cuantizado de vibración que tiene lugar en redes cristalinas como la red atómica de un sólido) y fotones está cada vez más documentado (véase Popp, Li y Gu, 1992; Ho, 1993; Ho, Popp y Warnke, 1994).

Como veremos más adelante, la célula (y el organismo) no forman tanto un estado “sólido” como un líquido cristalino. Los sistemas vivos, por lo tanto, poseen las condiciones que favorecen la rápida propagación de las influencias en todas las direcciones, por lo que resulta difícil distinguir las locales de las globales. Pueden ocurrir a menudo transiciones de fase globales, pudiéndose iniciar en cualquier punto dentro del sistema o del subsistema. Freeman y Barry (1994) han descrito las fases de transición como los cambios que se presentan típicamente en los electroencefalogramas (EEG) de áreas enteras del cerebro, registrado simultáneamente por una serie de electrodos, de modo que ninguno de ellos puede ser identificado como central.

Organismo y el medio ambiente: una colaboración mutua


La Biología de hoy en día sigue dominada por el paradigma genético. Se entienden los genes como el repositorio de información que controla el desarrollo del organismo, como aislado del medio ambiente y que se transmite sin cambios de generación en generación, a excepción de las mutaciones producidas al azar. El muy publicitado Proyecto Genoma Humano se está promoviendo en esa misma dirección. Sin embargo, el paradigma genético ya lleva tocado al menos desde hace diez años, cuando gran cantidad de “genoma fluido” fue descubierto por primera vez, y mucho ha salido a la luz desde entonces. Estos procesos desestabilizan y modifican los genes y el genoma, de modo que algunos cambios genéticos estarían correlacionados con el ambiente, que se menciona como “mutaciones dirigidas.”. Muchas de las modificaciones genéticas pasan después a la siguiente generación. La herencia no reside exclusivamente en el ADN que se transmite de una a otra generación. En cambio, la estabilidad y repetibilidad en el desarrollo, lo que conocemos como herencia, se distribuye en toda la gama de interrelaciones dinámicas de retroalimentación entre el organismo y el medio, de lo socioecológico a la genética. De todas estas maneras se pueden dejar huellas que se transmita a las generaciones posteriores,en forma de tradiciones culturales u objetos, derivado de la maternidad o por efectos citoplasmáticos, estados génicos de expresión, así como los cambios genéticos (ADN).


El organismo está interconectado e intercomunicado a todos los niveles, que se extienden desde el interior de la célula hacia el medio socioecológico, Es por esto que el organismo se ha liberado de los controles mecánicos de todo tipo. No es un objeto pasivo a merced de la variación aleatoria de la selección natural, sino que participa activamente en el drama de la evolución. Responde constantemente a la transformación de su entorno, y participa en la creación de un nuevo medio para las generaciones que están por venir.

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