viernes, 19 de marzo de 2010

Las dificultades de la asistencia sanitaria en Bolivia


Carta del director de un internado de Bolivia

Un breve saludo para hacer un poco de terapia -conmigo mismo- tras una semana difícil, y para que os hagáis una idea de cómo andan las cosas por acá. Es lo que le escribí a mi hermana ayer mismo. Hoy ya estoy por el internado, metido en los quehaceres de acá, que no son pocos, y algunos poco agradables también. Aprovecho que he venido la capital del cantón a pagar la luz para escribiros un poco.


El martes pasado, a las 6 de la tarde, un chiquillo llegó a mi cuarto en el internado porque le dolía la tripa. Que le había sentado mal el almuerzo, según él. A los cinco minutos me quedó bastante claro que lo que tenía era apendicitis, así que empezó una carrera insufrible para llegar lo antes posible a un hospital. Salimos como estábamos, tras ir yo a buscar el jeep mientras dos compañeros lo llevaban hasta el camino.

En el hospital de P. B., a veinte minutos, confirmaron mis sospechas, y partimos en una ambulancia que casualmente pasaba por allá hacia otro hospital, el de Caranavi. A las once de la noche llegamos allá, para enterarnos de que el quirófano estaba inhabilitado porque se estaba cayendo el techo.

Otra ambulancia prepararon para tres pacientes y otros tantos acompañantes, más una enfermera. Me tocó pagar la mitad de lo que cuesta la ambulancia -como antes la otra-. Y salimos a la 1 de la mañana hacia La Paz.

El viaje fue terrible: no podía ni moverme, con los pies atrapados por el cuerpo de una parturienta que iba tumbada, y con la cabeza del niño sobre las rodillas. La hernia se me puso en pie de guerra y fue una tortura el viaje de 4 horas. Además, el chiquillo iba empeorando y sus quejidos me partían el alma, sin nada que poder hacer, y con unos caminos llenos de baches y curvas que contribuían al suplicio.

A las 5 de la mañana llegábamos al Hospital del Niño de La Paz, adonde nos habían transferido. Después de estar dentro, nos remitieron al hospital General porque ya tiene los 15 años cumplidos, así que otra vez a subir a la ambulancia.
Y entonces comenzaron horas de angustia en aquel servicio de emergencia.

Tuve que correr toda la mañana, de un servicio a otro, siempre pasando por caja para pagar cualquier cosa que pidiesen: si rayos X, primero debía ir a la caja, y de ahí al servicio de rayos a concertar la hora, y de ahí, nuevamente a emergencias con la factura y lo que me hubiesen dicho; si análisis, la misma cosa; varios viajes a la farmacia en donde el sistema es el siguiente: con la receta que daban debía ir a que me la codificaran; de ahí, a la caja; y por fin, factura en mano, de nuevo a hacer fila para retirar los medicamentos.

Terminé gritando a unos y otros, hasta que a la 1 de la tarde, ¡ocho horas después de haber entrado!, lo metieron a operar, con una peritonitis generalizada. El chiquillo ya no podía ni responder a lo que se le preguntaba.

La operación de una hora luego fue de más de dos, pero según el cirujano había salido todo bien, y tocaba esperar que no hubiese complicaciones.
Esperé hasta que lo llevaron a al pabellón de Cirugía General, donde hay 21 camas.
En total, 25 horas angustiosas.

He estado tres días sin cambiarme de ropa y sin siquiera ducharme. Pero si todo va bien, mañana le darán el primer alta... y R..., que así se llama el crío, podrá contar que se salvó por los pelos de un sistema hecho para dejar morir a la gente. Ni os cuento los casos que he podido conocer en estos días de esperas, y que te llevan a la triste conclusión de que si no tienes plata, te mueres no más.

A todo esto, R... no quería ir al hospital ni a tiros, y me decía mientras íbamos en el jeep: "Iremos en vano, hermano. Esto ya me ha pasado otras veces y con unas tabletitas se me quitará". La razón principal para no querer ir era lo que costaría la consulta y lo que pudiesen pedir, siendo como es de una familia pobre de cinco hermanos. Desde luego, si su familia -por acá tengo alojado a su padre, que es una carga más...- hubiese tenido que costear todo esto, ya estaba el niño en un cajón desde el miércoles.

He empleado parte de los euros que traje conmigo de España -unos 450-para que R... salvase la vida. Es un muchacho excelente. Y aunque resultó traumático los dos primeros días -haceos a la idea: salir por primera vez fuera de su entorno; verse, tras un viaje tremendo y horas de espera interminables, con sondas, drenajes, gotero, y solo la mayor parte del día porque no puede uno quedarse con él-, ya está bastante recuperado.

Pues nada. Hoy ya le darán el primer alta y quedará en la casa que tenemos en La Paz, para que me lo cuiden una semana.

Espero haberos animado a venir, con una vida tan entretenida como la que os cuento. Seréis muy bienvenidos todos, y pediré a los jóvenes y las señoritas que se reserven las apendicitis y cosas peores para cuando estéis por acá. A ver si me hacen caso...

Os contaría más cosas, pero estoy algo cansado, y creo que con esto ya es suficiente para un solo día. Me sirve para desahogarme algo a mí también, porque me he sentido bastante solo en todo este asunto.

Un abrazo grande y desde luego, mis más grandes deseos de que la salud os acompañe. Hasta otro ratillo.

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