domingo, 28 de marzo de 2010

La Biología del Libre Albedrío (3)


Mae-Wan Ho
Bioelectrodynamics Laboratory,
Open University, Walton Hall,
Milton Keynes, MK7 6AA, U.K.
Journal of Consciousness Studies 3, 231-244, 1996.


III. El organismo está libre del determinismo mecanicista

El genetista y embriólogo C.H. Waddington (1975) fue el que introdujo por primera vez la idea de las dinámicas no lineales en Biología del Desarrollo en forma de “paisaje epigenético”, una metáfora de las dinámica de los procesos del desarrollo. Los caminos seguidos en el desarrollo de tejidos y células se canalizan en ciertos “valles” gracias a la “fuerza” que se ejercen sobre el “paisaje” por varios factores génicos, que definen una topografía fluida del paisaje (Las ideas de Waddington sobre la teoría evolutiva han sido repasadas recientemente por Ho, 1996b) Esta topografía fluida contiene múltiples posibles vías de desarrollo que pueden lograrse gracias a las “fluctuaciones” o a las condiciones ambientales, los genes o por la modificación de factores génicos. Esta metáfora ha sido expuesta de forma más explícita por el matemático Peter Saunders (1992), que muestra que la propiedades del paisaje epigenético “no son comunes solamente en el desarrollo de los organismos, sino válidos también para la mayoría de los sistemas dinámicos no lineales”.

El organismo policromático

Un tipo particular de no linealidad, que ha sido noticia recientemente, es el “caos determinista”: un comportamiento dinámico complejo que a nivel local es impredecible e irregular, que se ha utilizado para describir las funciones de muchos seres vivos, incluyendo el comportamiento colectivo de las colonias de hormigas (Goodwin, 1994). Los patrones irrepetibles de la actividad del cerebro convenció a Freeman (1995), declarando que la ciencia del cerebro en situaciones de crisis exhibe el mismo sistema típico del caos determinista. Otro ejemplo, son los latidos del corazón, que son mucho más irregulares en las personas sanas que en los pacientes cardíacos (Esto fue comprensivamente descrito por Goodwin (1995) en la Open University Third Level Course con un vídeo de acompañamiento). El fisiólogo Golderberg (1991) llegó a la conclusión de que los latidos del corazón sano tienen “ un tipo de variabilidad denominada caos” , y que la pérdida de esta “variabilidad compleja” está asociada con patologías y el envejecimiento. Del mismo modo, la actividad eléctrica del funcionamiento del cerebro, además de ser irrepetible, de un momento a otro, también contiene muchas frecuencias. Sin embargo, durante los ataques epilépticos, el espectro cerebral es mucho más pobre (Kandel, Schwartz y Jessell, 1991). Hay actualmente un debate en cuanto a si estas variabilidades complejas están asociados con el estado de salud, los estados funcionales constituyen un caos en sentido técnico, pero la pregunta no es contestada (Glass y Mackey, 1988).

Una diferente comprensión del espectro de la actividad compleja relacionado con el estado de salud sería en que es policromático (Ho, 1996c), acercándose al “blanco” en una situación ideal, en el que todos los modos de almacenamiento de energía están igualmente representados. Corresponde a la f (l)= regla constante de Popp (1986), que se ha generalizado a partir del espectro luminoso o “biofotones”, que son emitidos por todos los seres vivos. He propuesto que esta distribución policromática ideal de energía almacenada sea el estado ideal en el cual todos los sistemas abiertos son capaces de almacenar energía en un desarrollo natural (Ho, 1994b), Es tanto un estado de máximos y mínimos en su estado de entropía: máximo debido a que la energía se distribuye por igual en todos los modos de espacio-tiempo, por lo tanto, “blanco ideal”); mínimo, porque las distintas formas se acoplan y unen entre sí para dar un todo coherente, en otras palabras, un solo grado de libertad (Popp, 1986; Ho, 1993). En un sistema donde no hay resistencia para la movilización de la energía, todos los modos pueden intercomunicarse entre sí, y, por lo tanto, todas las frecuencias estarán representadas. En cambio, cuando el acoplamiento es imperfecto, o cuando los subsistemas, por ejemplo el corazón y el cerebro, no se comunican correctamente, echa mano de un modo único, llevando a un empobrecimiento de su espectro de actividad. Los sistemas vivos son necesariamente un conjunto polícromo, llenos de complejidad cromática y variada, que sin embargo produce un todo coherente y singular.

Los seres vivos son seres sensibles libres capaces de decidir su propio destino

Una característica distintiva de los seres vivos es su exquisita sensibilidad para detectar señales muy débiles. Por ejemplo, el ojo puede detectar los fotones individuales que alcanzan la retina, y la presencia de varias moléculas de feromonas en el aire es suficiente para que el insecto macho encuentre a su pareja adecuada. La extrema sensibilidad del organismo se aplica a todos los niveles y es la consecuencia directa de su autosuficiencia energética. Ninguna parte del sistema tiene que ser obligado o empujado a realizar acción alguna, ni está sometido a una regulación y control mecánico. La acción coordinada de todas las partes depende de la rápida intercomunicación de todo el sistema. El organismo es un sistema excitable de comunicación (Goodwin, 1994, 1995), o de células y tejidos excitables preparados para responde de forma específica y desproporcionada (no lineal) a la débiles señales, debido a la gran cantidad de energía almacenada, lo que le permite amplificar las débiles señales a nivel macroscópico. En virtud de esta autosuficiencia energética un organismo es un ser sensible, un sistema formado por partes sensibles comunicadas entre sí, para responder adecuadamente en su conjunto a cualquier contingencia.

El organismo está libre del determinismo mecánico, pero no por ella está sujeto a la indeterminación. Lejos de renunciar a su suerte, a la indeterminación de la dinámica no lineal de la teoría cuántica, el organismo maximiza sus oportunidades inherentes en la multiplicidad de recursos de que dispone. La indeterminación es fruto de la ignorancia de un observador externo, que no experimenta el ser mismo, que sí que tiene conocimiento de su estado, y que puede fácilmente adaptarse, responde y actuar de manera adecuada (Ho, 1993). En un sentido real, el organismo es libre de decidir su propia suerte, porque es un ser sensible que tiene en cada momento un conocimiento del estado de su medio, interno, así como del entorno, externo.

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