jueves, 19 de noviembre de 2009

Mecanismo inmunitario y acción de las vacunas

La vacunación: la cantidad de anticuerpos

La Biología ha progresado mucho. Esto permite analizar las características específicas en cada campo y hacer un diagnóstico preciso, condición esencial para una acción eficaz contra cualquier enfermedad. La prevención, el control y el tratamiento de los efectos secundarios de la vacunación se facilita hoy al determinar la cantidad de anticuerpos. Es peligroso “jugar” con nuestro sistema inmune durante la vacunación sin tomar unas precauciones elementales.

Los macrófagos de los tejidos y los monocitos de la sangre son células que identifican a los intrusos, sean virus o bacterias, para destruir a continuación esas pequeñas piezas llamadas polipéptidos, una cadena de 3 a 21 aminoácidos. Estas sustancias son conocidas como antígenos, capaces de inducir la formación de anticuerpos contra ellos. Los macrófagos presentan el antígeno en un linfocito T.

Al mismo tiempo, el macrófago segrega interleucina 1, que va a estimular los linfocitos T. Estos linfocitos así estimulados van a segregar, entre otras sustancias, interleucina 2, que estimula específicamente a los linfocitos B, para transformarse en plasmocitos, capaces entonces de fabricar anticuerpos contra estos antígenos.

Este proceso, que comienza con el reconocimiento del intruso, se termina por la estimulación de los linfocitos B. Es lo que se denomina la inmunidad celular.

La producción de anticuerpos IdM, IgP y IgA por los plasmocitos es denominada inmunidad humoral ya que los anticuerpos son transportados por la sangre.

Este resumen simplificado nos enseña que las dos inmunidades, celular y humoral, están ligadas.

En lo que concierne a los linfocitos T, algunos serán transformados en linfocitos T citotóxicos ( capaces de matar las células bacterianas o virales o infectadas por virus), o en linfocitos T no citotóxicos en el papel de regulador de la inmunidad, de modo que la reacción inmunitaria no se amplifique de manera excesiva.

Existen retrocontroles en el sistema inmunitario de gran complejidad. Disponemos de linfocitos con memoria, que son capaces de reconocer un antígeno con el que ya se ha tenido contacto con anterioridad, y responder de forma rápida a una tentativa de invasión por un intruso previamente indentificado.
Este mecanismo es espontáneo.

En el caso de las vacunaciones, se fuerza artificialmente para intentar evitar la aparición de la enfermedad contra la que la vacuna debe proteger.

La inmunidad adquirida por una enfermedad es mucho más eficaz y duradera que la obtenida por la vacuna; es lo que se hace de forma reiterada, los recuerdos, como en el caso de la gripe.

Hacer varias vacunas en una misma inyección perturba el sistema inmunitario ya que el ser humano jamás desarrolla dos enfermedades al mismo tiempo.

La inmunidad es en principio específica del antígeno reconocido.


Pero en la naturaleza, ciertos antígenos son comunes entre los virus, o entre las bacterias, y las sustancias antigénicas del organismo son las mismas. Esto acarrea una autoinmunidad y reacciones inmunitarias contra el organismo , desembocando en afecciones autoinmunes, tales como la diabetes, la espondilitis anquilosante, la poliartritis, la esclerosis en placas, etc.

Los especialistas en vacunas olvidan o no reconocen los trabajos de los especialistas en afecciones autoinmunes, que han descubierto recientemente antígenos comunes entre virus y bacterias y los cadenas de aminoácidos presentes en el organismo.

Para la hepatitis B, por ejemplo, una antigenicidad común entre el antígeno Hbs (de la vacuna contra la hepatitis B) está demostrado con las estructuras del sistema nervioso (de ahí la posibilidad de la esclerosis en placas o el síndrome de Guillain-Barré) o con las estructuras antigénicas de las articulaciones (de ahí la posible aparición de poliartritis o de espondilioartritis) o con las estructuras antigénicas del tejido sanguíneo (de ahí la posibilidad de aparición de linfomas), o con las estructuras antigénicas del páncreas (de ahí la aparición de la diabetes) o del tiroides (de ahí la tiroiditis).

Las estructuras antigénicas son reconocidas en asociación con las moléculas codificadas por el sistema HLA.

Heredamos 12 moléculas diferentes codificadas por el HLA de nuestros padres. Las afecciones autoinmunitarias están generalmente predispuestas por la codificación HLA.

Cada codificación da una o varias predisposiciones autoinmunes

Esta función de codificación HLA se expresará en una u otra, o varias afecciones autoinmunes bajo la influencia de la estimulación antigénica de la vacuna.

La estimulación antigénica de la vacuna se repite por la múltiples inyecciones vacunales y la variedad de vacunas. El riesgo de enfermedad autoinmune es más frecuente por la vacunación que por la enfermedad espontánea.

Así, un paciente portador de una codificación HLA DR2 desarrollará antes una esclerosis en placas o un lupus.

Un paciente HLA DR4 tendrá predisposición a desarrollar una diabetes o una poliartritis según el subtipo HLA DR4.

Un paciente DR3 desarrollará antes una diabetes o una tiroiditis.

En fin, la persona vacunada puede inmunizarse contra el ADN contenido en las vacunas cultivadas sobre células tumorales (caso de GenHevac)

Todas nuestras células contienen el patrimonio genético en su núcleo bajo la forma de cromosomas, llevando nuestro ADN. Esto podría acarrear la supresión de los antioncogenes y favorecer la aparición de oncogenes y favorecer la formación de tumores, tales como linfomas, lo que se ha constatado después de la vacunación contra la hepatitis B.

Las muertes declaradas después de una vacunación hacen más dramática esta situación.

A menos que sean antígenos tumorales procedentes de las células tumorales del ovario, sobre los cuales son cultivadas estas vacunas, y sea éste el origen.


Gracias a los adelantos en Biología, somos capaces, en la práctica diaria, de conocer las dosis de interleucina 1, interleucina 6 e interleucina 8 y los factores de necrosis tumoral del receptor soluble de la interleucina 2. Son estos medidores de la inflamación y la inmunidad los que ayudan a supervisar el estado del paciente y la eficacia de los tratamientos terapéuticos.

Dr. Lawrence HERVIEUX
19/11/2009

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