martes, 3 de noviembre de 2009

LA SUBVERSIÓN DE LA MEDICINA

LA SUBVERSIÓN DE LA MEDICINA


Numerosos estudios epidemiológicos, firmados por investigadores y publicados en revistas anglosajones reconocidas internacionalmente, reseñados por los medios de comunicación, han atraído la atención de toda la población sin que se haya hecho un análisis crítico de su importancia para paciente y público.

Los directores de los medios de comunicación ni tienen tiempo ni ganas, o incluso capacidad, para realizar un análisis crítico de la labor científica. Se recurre a estos autores para llamar la atención de un público más amplio. Los investigadores, que no siempre tienen experiencia clínica, utilizan las tribunas públicas para presentar sus descubrimientos y jactarse de su utilidad.

El público, que generalmente no tiene los conocimientos necesarios para analizar los mensajes de los expertos, no duda de su calidad y validez de sus conclusiones y contribuye a su difusión. Así se va fabricando una opinión favorable por una mayoría, basada en conocimientos separados (como diría Edgar Morín), desconociendo o haciendo caso omiso de otros conocimientos, y se contribuye a la elaboración de representaciones míticas de la realidad, obteniéndose el beneficio de una mayor reputación y mayor cantidad de recursos para sus investigaciones.

Los investigadores preguntados son expertos, naturalmente, que tienen un conocimiento profundo pero limitado a los temas que abordan, no pudiendo hacer una síntesis de los conocimientos médicos sobre los problemas de la salud pública, por que ellos analizan la cuestión sólo desde un ángulo.

Debido a este reconocimiento de los medios, sus declaraciones son tomadas al pie de la letras por lectores y oyentes. Esto no sorprende a nadie, porque en una sociedad donde todo el mundo cree, equivocadamente, que el mantenimiento y desarrollo de la salud está basado en el conocimiento médico y el consumo de productos médicos, incluidos productos farmacéuticos, siendo difícil no sucumbir a las promesas de bienestar propuestos por estos científicos ilusionistas, que, distorsionando la realidad, confunden a la audiencia.

Lamentablemente, sus conclusiones pueden ser peligrosas para la salud de la población. Tenemos dos ejemplos recientes en relación con la enfermedad del Alzheimer y los consumos moderados de alcohol, aspectos estos que serán próximamente analizados para ilustrar por una parte la contra productividad a la vez médica y económica que ya describiera Iván Ilich hace 30 años; en segundo lugar, la subversión de la medicina por algunos investigadores que, olvidando que están sirviendo a sus pacientes, hacen un uso de sus conocimientos a expensas del público y de sus pacientes, sólo para desarrollar su reputación y hacer que estos se apresuren a una atención médica totalmente innecesaria.

Muchos otros ejemplos de campañas en los medios se pueden plantear, especialmente en el ámbito de la prevención, incluida la vacunación de adultos contra el virus de la hepatitis B; en las mujeres contra el cáncer cervical; en las personas mayores contra la gripe. Todo esto ha suscitado cientos de artículos médicos llenos de entusiasmo, sin ningún análisis crítico serio por los medios de comunicación.

Varias razones explican por qué no todos los conocimientos médicos adquiridos en el campo de la epidemiología han sido de utilidad social.

En primer lugar, la metodología de estudio, tanto por razones prácticas como éticas, rara vez se basa en la observación experimental y el control de diversos aspectos, incluyendo a los investigadores que saben de algunos comportamientos relacionados con el consumo de alcohol y tabaco pero ignoran los hábitos de alimentación, de actividad física, de estado de salud, los antecedentes personales y estilos de vida de la familia, el medio ambiente y, finalmente, el socio-económico, cuya importancia en la salud es considerable.

En segundo lugar, estos estudios tienen por lo general para los pacientes y la población en general poco interés inmediato, porque no pueden ni aumentar la calidad ni la cantidad de vida, como en el caso de la detección de la enfermedad del Alzheimer y en la abstinencia en el consumo del alcohol. La información a la población, que no detalla su importancia ni su utilidad, es una subversión de la medicina, que es cada vez menos utilizada para mejorar la salud y si más para poner de relieve a estudios y sus autores.
Además, su aplicación puede suponen un deterioro en el bienestar de la población. Ya no es entonces una subversión, sino una perversión de la medicina. Esta investigación puede aumentar el conocimiento sobre los determinantes de la enfermedad y su evolución. Por lo tanto, puede tener interés para la ciencia, pero no se deber transmitir por los medios de comunicación sin un análisis crítico y una advertencia sobre su uso generalizado.

Desafortunadamente, con demasiada frecuencia, los investigadores que parecen actuar conforme a la ética y el bien de sus pacientes, muestran mucho interés por desarrollar sus negocios o para continuar sus estudios a fin de obtener recursos adicionales de la industria o del estado para ampliar su investigación.

Claude Béraud

Traducido de Actualidad Médica, vista por Claude Béraud.

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