jueves, 15 de octubre de 2009

Testimonio de una madre: la vacunación contra la hepatitis B

Soy madre de cuatro hijos (tres varones y una niña) que nunca había dudado sobre los méritos de la vacunación. Éramos el blanco perfecto de la “Campaña de vacunación contra la hepatitis B”; me tragué todo sin rechistar y en cuanto fuimos al médico le insté para que nos inoculara a todos, también a nuestro hijo mayor, que por entonces era un adolescente. Hasta entonces nadie nos había dado esta posibilidad, ni el mismo médico.

No puedo decir nada de los efectos secundarios en mis tres hijos más pequeños, porque no me acuerdo. Sólo sé que mi hijo, que era un bebé entonces, ahora tiene una minusvalía del 80% debido a una discapacidad de origen neurológico, desconocida y que se le ha detectado recientemente.

No tuve una vigilancia especial tras la vacunación en relación con las reacciones posteriores, pues entonces no había ningún tipo de información sobre el problema, ni si la vacuna podía agravar un estado preexistente. Yo no puedo decir lo que pasó objetivamente con ese niño, pero saltaron las alarmas cuando se produjo el repentino deterioro de nuestro hijo tras la última vacunación. Todos los médicos dicen que no existe una relación entre la enfermedad de mi hijo y la vacuna: pero seis meses más tarde tuvo que ser hospitalizado durante casi un mes... ¿La razón? ¡ Dicen no saber! Fue tras la polémica que estalló en los medios de comunicación cuando hemos relacionado la vacuna con el deterioro de la salud de mi hijo.

Antecedentes:


Toda madre sabe de la especial sensibilidad de los niños a uno u otro problema. Para nuestro hijo mayor, un joven estudiante, no había habido otros problemas de salud que unos pocos episodios de bronquitis asmática a la edad de dos o tres años. En cuanto al resto de la familia, nuestra hija es propensa a los dolores de garganta, durante 10 de los 12 meses, con unos ganglios muy abultados y sensibles, que una extirpación de las amígdalas no cambió; otro hijo, que era un bebé, ha visitado algunas veces el hospital y había que colocarle una máscara de oxígeno debido a su asma severo, hasta hace cinco años; otro, extremadamente alérgico (angioderma tras la aplicación de un colirio que contenía atropina, tiene reacciones alérgicas desmesuradas por la picadura de los insectos). A pesar de todo lo que se ha dicho sobre la vacuna de la hepatitis B, ninguno ha tenido aparentemente ninguna reacción ante la vacuna.

Sin embargo, el único que no estaba enfermo, mi hijo mayor, es el que más gravemente recae. Empezó a tener dolores de estómago y náuseas, que se trató como trastornos gastrointestinales recurrentes como explicación probable. Hasta entonces nuestro hijo había tenido un estómago a prueba de todo. De hecho era el único de la familia que seguía comiendo de todo durante un viaje en barco, mientras los demás vomitábamos.
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A continuación se presentan los hechos:


Durante un tempo nuestro médico tuvo que acudir a menudo a nuestro domicilio debido a los repetidos episodios de gastroenteritis sin fiebre y muy dolorosa. La situación no se podía mantener así por más tiempo, así que el médico optó finalmente por diagnosticar una apendicitis, la única explicación posible, decía. En el periodo de hospitalización nos reunimos con el cirujano para programar la extirpación del apéndice al día siguiente, a pesar de que nada aparecía en la ecografía. ¡Pero algo había que hacer! Se le hicieron los análisis de sangre, que nunca antes había visto, y se observó un colapso inmunológico completo, lo cual era muy preocupante y que de ningún modo había que realizar la operación.
Se nos dijo entonces que era mononucleosis. No había nada que hacer... y en eso coincidían dos o tres médicos. Después de muchas preguntas, de dudas, de dar marcha atrás... finalmente se habló de SIDA, como la explicación más convincente. Visto hoy en día hasta vergüenza me da decir como se pueden lanzar cosas tan graves de forma tan ligera, sin un estudio claro que apunte en esa dirección.

Desesperados ya apuntábamos también hacia una leucemia u otro tipo de cáncer. Pero el final fue más feliz de lo que los médicos nos agoraban. A mi hijo se le permitió salir después de tres o cuatro semanas. Fue un periodo triste y doloroso, una catástrofe desconocida rondándonos. Pero al mes siguiente descansó en casa. Continuó con los episodios de falsa gastroenteritis, pero ya con menos frecuencia, aunque el dolor era fuerte. El médico nos dijo que tardaría en recuperarse.

No hemos abandonado la idea de los posibles efectos secundarios de la vacuna contra la hepatitis B, ahora se nos dice que se trata de una esclerosis de placas. Nuestro hijo ha mantenido una sensibilidad especial durante varios años. A los 22 años todavía se sentía enfermo, pero nada relacionado con el apéndice. Ahora con 28 años está sano.

En conclusión:

Ya diría que existió una relación entre la vacuna, el colapso inmunológico y los trastornos digestivos, esto es una convicción. Aunque nadie de la comunidad médica apunta en esta dirección, pero tampoco nadie de la comunidad médica ha encontrado una explicación hasta el momento de los que le ha pasado a mi hijo mayor. Han buscado algún episodio temprano, pero no se ha encontrado nada. Esta es una historia lejana en la que hemos ido atando cabos después de todo el escándalo de la vacunación.

Posteriormente nuestro hijo no fue vacunado contra la hepatitis C en una viaje que hizo a Bolivia y el Amazonas. Se le excluyó debido a los antecedentes y otras causas...
La vacuna contra la hepatitis B ha sido reconocida por ser segura y no presentar efectos secundarios severos, al menos a nivel oficial. Ha sido una vacunación innecesaria la causante del problema, el tipo de vacuna usada en ese momento y de la cual la persona vacunada no sabe nada.

Desde la distancia y después del tiempo pasado, me doy cuenta de lo ridícula de la campaña contra la hepatitis B. Entiendo que se distribuya un medicamento para proteger a un grupo de población, pero no entiendo como me dejé embaucar y vacuné a todos mis hijos desde el menor al mayor en nombre de un principio llamado de... precaución. Hemos vivido en los bosques franceses, en un país que no es de riesgo y, francamente, dada la edad de los niños y el medio en el que vivían, el más propenso a dejarse atrapar en la lotería del virus de entre los hermanos era mi hijo mayor.

Se ha manipulado a los adolescentes de mala manera, con campañas desestabilizadoras para los padres, con mensajes del tipo: “Ahora que van creciendo, el sexo...las drogas...hay que protegerlos ya que son inconscientes y hacen cualquier cosa”. Nada mejor que el mensaje del miedo para eliminar todo sentido crítico. En esto todavía no he perdido la esperanza.

Doctor Jacques Lacaze:

La vacuna ha provocado una catástrofe sanitaria. El mejor ejemplo es el de la esclerosis en placas: un promedio de 25000 casos identificados al año en Francia antes de la vacunación; en la actualidad 85000 según las cifras oficiales. Estoy sorprendido sobre la falta de verificación de ciertos tratamientos que alegremente son recomendados. Esto no es nada honesto, es poco saludable, y sólo busca llenar los bolsillos de los laboratorios de la industria farmacéutica. El caso actual de la gripe A es especialmente grotesco.

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